photo couv
Ricos y pobres, hombres y mujeres, citadinos y rurales, ciudadanos y extranjeros… Las desigualdades entre los individuos se ahondan en el mundo, tanto en los países en desarrollo como en los países desarrollados. Con impactos negativos sobre el crecimiento económico, el bienestar o la criminalidad. Ahora que las Naciones Unidas integran la lucha contra las desigualdades en sus Objetivos de Desarrollo Sostenible, exponemos a continuación siete buenas razones de dedicar esfuerzos para combatir esas desigualdades.

1. LAS DESIGUALDADES SON NOCIVAS PARA LA COHESIÓN SOCIAL…

photo 1
© Francesco Zizola / NOOR / AFD


Las desigualdades y la injusticia social generan un sentimiento de frustración que alimenta tensiones en la sociedad, explica Anda David, especialista en temas de desigualdad en la Agence Française de Développement (AFD): “Los individuos que las padecen tienden a ser menos cooperativos entre sí, lo que aumenta el riesgo de que surjan conflictos sociales, crisis políticas y conflictos armados”.

En Sudáfrica, veintisiete años después de haber finalizado el apartheid, las persistentes desigualdades entre ricos y pobres, entre grupos étnicos, y entre habitantes de las grandes ciudades y de los antiguos “bantoustans” -regiones reservadas a las poblaciones negras durante el apartheid-, siguen generando tensiones.


2. …Y MERMAN EL CRECIMIENTO

photo 2
© Benjamin Petit / AFD


Por lo general, la demanda interna es lo que impulsa el crecimiento económico de un país. Ahora bien, si las desigualdades son muy grandes, entre poblaciones pobres que no disponen de un gran poder adquisitivo y ricas que gastan una menor parte de su ingreso -y una clase media que no es lo suficientemente importante- la demanda interna decae, y con ello se debilita el crecimiento del producto interior bruto (PIB).

En un estudio publicado en 2015, el Fondo Monetario Internacional (FMI) contradice la teoría del goteo, según la cual los ingresos de los más ricos estimulan el crecimiento económico, y sostiene que entre más riqueza acumulan los ricos, menos intenso es el crecimiento. “Tuvo un profundo impacto”, recuerda Anda David.

 

3. REDUCEN LAS OPORTUNIDADES ECONÓMICAS…

photo 3
© Rodrig Mbock / AFD


En una sociedad desigual, los más desfavorecidos abandonan sus intentos por invertir o crear una actividad económica debido a las restricciones de crédito a las que se enfrentan. “No logran sacar provecho de sus competencias, lo que genera menos oportunidades económicas para todos”, precisa Anda David.

Esas dificultades son especialmente nefastas cuando frenan la capacidad de los hogares para financiar los estudios de sus hijos. “Crear becas destinadas a los más pobres desde los niveles de educación básica puede ayudarlos a efectuar una formación escolar completa y luego a poner su creatividad y sus competencias al servicio del desarrollo del país”, destaca Rohen D’Aiglepierre, economista especializado en educación y empleo en la AFD.

 

4. …Y AFECTAN AL BIENESTAR

photo 4
© Oriane Zerah / AFD


En un estudio publicado en abril de 2018, la Organización de Cooperación y de Desarrollo Económicos (OCDE) confirmó la relación que existe entre el nivel de desigualdad y el nivel de bienestar de las poblaciones.

Según este estudio, el 20 por ciento de muy ricos tiene dos veces más posibilidades de expresar un nivel elevado de satisfacción hacia la vida que el 20 por ciento de muy pobres. Y entre más se amplía la diferencia entre ricos y pobres, más marcados son los sentimientos de bienestar y de malestar.

 

5. LAS DESIGUALDADES REDUCEN LA EFICIENCIA DE LA AYUDA AL DESARROLLO

photo 5
© Benjamin Petit / AFD


La idea que las desigualdades tienen un impacto negativo en el desarrollo de los países porque son fuente de tensiones, de desaceleración del crecimiento y de malestar de las poblaciones, es hoy una opinión ampliamente compartida.

Cuando las desigualdades son importantes en un país, los recursos empleados para luchar contra la pobreza no sirven de gran cosa”, señala Anda David. “Si en nuestra calidad de actores del desarrollo apoyamos proyectos que contribuyen al crecimiento de un país, pero que éste beneficia más a los ricos que a los pobres, nuestras operaciones serán menos eficientes”.

De ahí la importancia de prestar una mayor atención a los efectos que tienen los programas de ayuda al desarrollo sobre la reducción de las desigualdades. Algo que la AFD ya toma ampliamente en cuenta [para más información sobre la estrategia “100% vínculo social”]

 

6. FORTALECEN LA CRIMINALIDAD…

photo 6
© Prashanth Viswanathan / AFD


En una sociedad con fuertes desigualdades la tasa de criminalidad tiende a subir. Explicación: “En una sociedad de ingresos mayoritariamente bajos, el costo de oportunidad de un acto violento, un robo, por ejemplo, será más bajo y la ganancia esperada mayor”, afirma Anda David.

También contribuye el sentimiento de injusticia social. “Los jóvenes profesionales que no se pueden integrar localmente al mercado laboral pueden verse tentados por actividades criminales, por el extremismo violento o por emigrar”, observa Rohen d’Aiglepierre.

 

7. … Y AUMENTAN EL NÚMERO DE HIJOS POR MUJER

photo 7
© Linus Escandor II / AFD


En medio siglo la población mundial se ha duplicado hasta llegar a 7 mil 600 millones de seres humanos en 2018, y podría alcanzar los 11 mil 200 millones de aquí al año 2100, según los cálculos de la ONU. Si nuestro impacto sobre el medio ambiente, y la rarificación de ciertos recursos naturales, nos inducen a tener menos hijos, las desigualdades podrían, por el contrario, incitar a las mujeres a tener más hijos.

Una vez más se trata de costo de oportunidad: "En una sociedad no distributiva, y por lo tanto sin red de protección social, y cuando el costo de oportunidad de tener hijos es bajo, los padres confían en que, al llegar a una edad avanzada, su descendencia se ocupe de ellos. Pero si ese niño tiene expectativas de ingresos bajos en el mercado laboral, entonces resulta importante tener varios hijos para asegurarse recursos suficientes”, explica Anda David.

En ciertos casos, ese mecanismo se convierte en un círculo vicioso, cuando el aumento de la población conduce a un incremento de la mano de obra poco calificada, y en definitiva jala los sueldos hacia abajo.

Por lo tanto, luchar contra las desigualdades no es sólo una prioridad: es un combate de larga duración.