Haití: Cuestionar los límites de la ayuda al desarrollo

12/06/2017

La historia haitiana nos exhorta a una profunda reflexión sobre los logros y el alcance de los proyectos generados por los financiadores. ¿Cómo adaptarse al ciclo del desarrollo? ¿Cuáles son las condiciones de una mejor comprensión mutua?

¿Es Haití renuente a la ayuda al desarrollo?

Haití, las ilusiones perdidas de la ayuda al desarrollo. Más que en cualquier otro lugar, en este país en el que se acumulan proyectos, financiamientos y buenos sentimientos se percibe un desencanto general. ¿Es Haití renuente a la ayuda al desarrollo? Su historia prueba que existe una tradición de rebeldía hacía el orden establecido desde la brecha que abrió la independencia de 1804 en la lucha por las libertades humanas. ¿Y si Haití tuviera razón en resistir así a la ayuda al desarrollo?

El caso haitiano debe considerarse como una oportunidad inédita de cuestionarse ampliamente sobre los límites de los financiadores, en todo caso de uno de ellos, la AFD. Nos invita a analizar toda la complejidad, la diversidad, las múltiples formas y componentes de la ayuda al desarrollo.

La ayuda al desarrolla revela una discordancia de tiempos. Los imperativos temporales de la gestión de un proyecto de ayuda al desarrollo a menudo se conjugan mal con el tiempo necesario para su adecuación y el despliegue de sus impactos. En Haití, el tiempo se trenza con discontinuidades de todo tipo: sacudidas políticas, accidentes naturales y climáticos. Entre las recurrentes urgencias y los desafíos estructurales, ¿cómo trabajar a un ritmo propio para reconciliar esos desfases? No se puede decretar que se ha fracasado al cabo de apenas 4 años. ¿Por qué no darse 10 ó 15 años?

 

"El impacto de la ayuda al desarrollo se sitúa más allá de lo cuantificable"

Nuestra historia prueba que en Haití nos hemos instalado en el largo plazo, a pesar de que nuestra cooperación se interrumpió durante algunos años.  Sin embargo, para aceptar un ritmo lento sería necesario emanciparse de toda lógica superior e imperativa como la de producir resultados rápidamente para justificar el uso de los fondos públicos ante los contribuyentes, y cumplir con los principios de eficiencia de la ayuda al desarrollo.

En Haití sí existen proyectos que funcionan y que duran, inversiones que se han mantenido y dan frutos, que transforman territorio y destinos. Pero no se toman en cuenta en los principales agregados económicos, por lo que se genera un sentimiento de fracaso.

Ahora bien, el impacto de la ayuda al desarrollo se sitúa más allá de lo cuantificable, en la sedimentación y la transmisión: un ejemplo de ello son algunas hermosas aventuras humanas como el proyecto “bornes fontaines” (hidrantes). Ese proyecto que a partir de 1955 generó un sistema para el abastecimiento de agua potable en los barrios desfavorecidos de Puerto Príncipe está hoy perfectamente integrado al panorama urbano. A través de las infraestructuras hídricas y de las asociaciones de usuarios, ha tenido un impacto irreversible en la organización social de varios barrios.

Por lo tanto, en materia de ayuda al desarrollo es urgente tomar en cuenta la característica pluridimensional de la realidad y reevaluar las prioridades. ¿En qué otro lugar se podría iniciar ese proceso de reflexión mejor que en Haití, país en el que las decepciones son legión y rayan en lo absurdo? Ante el exceso, incluso la rivalidad en estudios y proyectos sucesivos: ¿y si fueramos nosotros los que tuviéramos que hacer el esfuerzo?

 

Puede leer lo que sigue, así como el texto íntegro de Margaux Lombard y François Pacquement, en ID4D (en francés o en inglés).



 
 
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