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Gaël Giraud, portrait
Recurso escaso, el agua y los servicios relacionados con ella deben considerarse como unos « comunes », según Gaël Giraud, jefe economista de la AFD. Un esquema en el que el poder público y el sector privado tienen todo su lugar.
La AFD, desde hace unos 10 años, lleva a cabo trabajos de investigación sobre la gestión del agua como un « común » en diversos países (Jordania, República democrática del Congo, Bolivia). ¿Por qué haber escogido este ángulo de ataque?

El agua es un ejemplo perfecto de un común [ver nuestro vídeo sobre este tema]. Disponible en cantidad limitada y sujeto a un ciclo océanos/nubes/lluvias/ríos profundamente perturbado por el cambio climático, es susceptible de sobreexplotación si no se implementa ninguna regla de preservación.   

Nuestros trabajos de investigación sobre las aguas subterráneas en el Mediterráneo mostraron que la gestión del agua como un común permitía salir de una competición desregulada sobre el recurso, que sólo puede conducir al agotamiento de este último. Es vital en un contexto en el que el agua ya escasea cruelmente: por ejemplo, no solamente Túnez está en estrés hídrico durante todo el año sino que Corea misma se declaró en escasez de agua. Hoy en día, 800 millones de personas en el mundo no tienen acceso al agua potable y si no se toman fuertes medidas, este número se incrementará en las próximas décadas. 

En nuestras áreas de intervención se estructuraron comunidades de usuarios e implementaron reglas comunes de gestión y reparto del recurso. La « tragedia de los comunes », al contrario de lo que repite la mayoría después de Hardin, es que la simple y llana privatización del recurso suprime a término este último. Solamente las reglas compartidas y elaboradas de manera participativa entre todas las partes interesadas, permitirán  salvaguardar los recursos escasos como el agua, pero también la biodiversidad, la fauna pesquera, los suelos, un circuito monetario a favor de la economía real e incluso las competencias disponibles en un centro de empleos. 


 
Usted hace énfasis en las comunidades de usuarios. ¿Acaso el Estado o el sector privado no juegan ningún papel?

Los comunes son un modo de gobernanza híbrido, ni totalmente privado ni totalmente público. La mayoría de las comunidades de usuarios que estudiamos se crearon para suplir las deficiencias de los servicios públicos (en regiones donde frecuentemente el poder público falló o nunca logró recuperarse de los planes de ajuste estructural de la década de los 80) y para evitar la tragedia de la simple y llana privatización. 

Esto no significa que el Estado o el sector privado no jueguen ningún papel sino todo lo contrario. El Estado crea el marco jurídico propicio para el surgimiento de comunidades de usuarios y debe seguir siendo el primer garante del derecho del acceso al agua para todos. Por su lado, el sector privado puede contribuir en particular en el ordenamiento de las infraestructuras. 

 
Usted ahora dispone de un conjunto de investigaciones sobre este reto. ¿Cuáles son las pistas de investigación que faltan por explorar? 

La articulación entre los niveles de gobernanza del recurso - de lo local a lo internacional pasando por lo regional - y las relaciones de fuerza relacionadas con los diferentes usos del recurso (agricultura, energía, agua potable, minería) son aspectos que hace falta profundizar. El tema del saneamiento como un común es también un tema totalmente sin explorar hasta el día de hoy. Merecería una profundización ya que se trata de un reto fundamental para la mayoría de los países en desarrollo en los que intervenimos. Porque es ilusorio pensar que sólo mejorando el acceso al agua se puede mejorar el nivel sanitario de una región,  si al mismo tiempo no se tienen en cuenta la evacuación y el saneamiento de las aguas residuales. 
 
 


 

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