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salud infantil República Centroafricana AFD
Falta de medicamentos, de agua, de electricidad, de médicos, costo financiero… La OMS estima que hay 22 países en donde es necesario reconstruir el sistema de salud. Christophe Paquet, responsable del departamento Salud y Protección Social de la Agence française de développement explica porque esta cuestión debe ser una prioridad.
Christophe Paquet, Jefe de la División de Salud y Protección Social de AFD
 

 

En la actualidad, ¿cuáles son los grandes retos de salud a nivel mundial?

El propósito principal es de atender las expectativas de la población. Sea en París o en Bamako, para uno mismo o para las personas que nos son cercanas, todos queremos lo mismo en lo que respecta a la salud: tener acceso a una atención de calidad, cerca del domicilio y sin un gasto excesivo. Lo que en Francia nos parece normal gracias, entre otras cosas, a la Sécurité sociale (seguro social), es en realidad muy complicado de obtener. En los países pobres, la atención básica es inaccesible para mucha gente debido a que no pueden pagarla, a que viven demasiado lejos de un centro de salud o bien a que el lugar no siempre cuenta con agua o con electricidad, al hecho de que los médicos no atienden todos los días, o de que estos centros no disponen de todos los medicamentos… La prioridad es fortalecer los sistemas de salud de los países más pobres.

Si la epidemia de Ebola se pudo propagar hace cinco años en Guinea y actualmente en la República Democrática del Congo, es porque los sistemas de salud son deficientes. Porque cuando una persona acude a un dispensario para recibir atención, no solamente no se le atiende sino que además contamina a todas las personas a su alrededor.

Son deficiencias que están correlacionadas con el nivel de pobreza y de desorganización de los países. La OMS estima que hay 22 países en donde se necesita reconstruir el sistema de salud desde sus cimientos: infraestructuras, pero también equipamientos, medicamentos, recursos humanos, gobernanza…  Las condiciones son mejores en los países de ingreso medio en donde los problemas tienen que ver principalmente con la adaptación de los sistemas de salud a nuevas exigencias.
 


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¿En qué medida la ayuda pública al desarrollo constituye una respuesta a esos desafíos? 

En los países menos adelantados, el sector de la salud adolece de un importante déficit de financiamiento. Debido a los escasos recursos que se le atribuyen, la gran mayoría de esos países no pueden brindar una atención básica a la población. El problema se agrava en zonas como el Sahel, en donde el gasto público para seguridad se incrementa en detrimento, entre otras cosas, de la salud. Por ello el sector salud depende ampliamente de la ayuda internacional. Y la situación no va a mejorar en los próximos años. La ayuda pública al desarrollo es una herramienta relativamente eficiente para corregir esas deficiencias. Hoy se destina principalmente a programas centrados en alguna enfermedad o en algún grupo de enfermedades que son impulsados por organismos multilaterales [siendo el más importante el Fondo Mundial de Lucha contra el Sida, la Tuberculosis y el Paludismo]. Esos programas tienen sus ventajas: son eficientes en su especialidad y permiten medir fácilmente sus impactos -en número de niños vacunados o de muertes evitadas.

En la actualidad, el debate se centra en ver de qué manera esos fondos verticales también pueden participar en el fortalecimiento de los sistemas de salud. Es uno de los retos de la reunión para la reposición de fondos del Fondo Mundial de Lucha contra el Sida, la Tuberculosis y el Paludismo el 10 de octubre en Lyon. La ayuda pública al desarrollo es indispensable aunque será sin duda necesario reconsiderarla en función de estas evidencias.
 

En materia de salud, ¿cuál es el enfoque de la Agence française de développement?

En nuestra calidad de agencia bilateral, tenemos contacto con los Estados y con los ministerios de salud, y cada vez que podemos nos focalizamos en el fortalecimiento de las capacidades nacionales. Nuestra visión de la salud no es de trabajar sobre tal o cual aspecto, por ejemplo sobre determinada enfermedad, sino de fortalecer los sistemas de salud en su conjunto.

En términos concretos, apoyamos a estos países en la adaptación de sus sistemas de salud a los nuevos problemas. Por ejemplo, para luchar contra la intensificación de enfermedades crónicas -diabetes, obesidad, enfermedades cardiovasculares, la enfermedad de Alzheimer- debido a varios fenómenos sociales como el envejecimiento de la población o el cambio en el estilo de vida (comida chatarra, sedentarización, contaminación…). Los países en desarrollo se ven cada vez más afectados por estas enfermedades. Sin embargo, estos males requieren inversiones médicas y tratamientos mucho más complejos que las enfermedades infecciosas que prevalecían hasta ahora. Por lo tanto, representan un reto mayúsculo en esos países con sistemas de salud frágiles.

Asimismo, estamos trabajando intensamente para desarrollar mecanismos que permitan detectar las epidemias a escala regional. Para los países vecinos también es importante compartir recursos e intercambiar informaciones sanitarias. Por ejemplo, gracias a la AFD, la Comisión del Océano Índico cuenta ahora con una capacidad de monitoreo y de alerta en materia de enfermedades que cubre actualmente a sus cinco Estados miembro, entre los cuales se incluye a Francia a través de la isla de La Réunion. Recientemente, contribuimos a agregar el tema de la salud animal. Si el ser humano quiere gozar de buena salud, es necesario que su entorno también lo esté. Es el concepto de la iniciativa, “One health” (“Una sola salud”) impulsado por la ONU y que tiene por objetivo fortalecer los intercambios entre médicos y veterinarios.

En la práctica, ¿cómo se procede para fortalecer los sistemas de salud?

Un ejemplo es la ayuda que brindamos al programa de apoyo a la salud en las Comoras. Ha permitido rehabilitar hospitales y dispensarios, equiparlos y proveerlos de medicamentos, capacitar a enfermeras y parteras, así como organizar un sistema para que las mujeres puedan acceder de manera casi gratuita a la atención obstétrica. Antes, una mujer tenía que pagar alrededor de 200 euros por una cesárea, una cantidad que en un país en el que el salario mínimo es de 63 euros obligaba a toda la familia a contribuir financieramente o a vender sus bienes. Era un obstáculo evidente para el acceso a la atención médica. Actualmente, 80 por ciento del costo de la operación es sufragado por un sistema financiado por la AFD.

Hospital Bambari-África Central
Consulta obstétrica en el Hospital de Bambari, en la República Centroafricana. © Pierre Terdjman / AFD

 

También trabajamos con el sector privado, en Kenya y en Uganda; en Tanzania con la red Aga Khan. De esta manera pudimos financiar hospitales y escuelas de medicina a través de préstamos y de donaciones. Ha sido un gran éxito.

En 2018, la AFD comprometió 497 millones de euros para la salud en el mundo. De esta manera, se ha logrado mejorar el acceso a la atención médica de 14 millones de personas.


¿En qué consiste la “Cobertura Sanitaria Universal” cuya implementación cuenta con el apoyo de Francia? 

Corresponde precisamente a las expectativas actuales de la gente: una atención de calidad que sea asequible. En Francia ya gozamos de esa prestación pero tomó cien años, desde el período de entreguerras hasta los últimos ladrillos del dispositivo, la CMU (Cobertura Médica Universal) y la ayuda médica del Estado. 

Una Cobertura Sanitaria Universal es algo que se construye de manera progresiva. Se puede empezar por ofrecer una atención básica que cubra el 80 por ciento de las enfermedades más frecuentes, y luego proponer un acceso a una atención más sofisticada – por ejemplo, contra el cáncer. O bien, al principio financiar únicamente una parte de la atención médica básica, o atender solamente a cierto sector de la población -los indigentes, por ejemplo-, o por el contrario a las personas que es más sencillo asegurar como los funcionarios -antes de extender la cobertura a otras personas.

El problema, cuando se promete la gratuidad antes de que el sistema se implemente, es que la gente piensa que ya no tendrá que pagar y que, de pronto, los dispensarios se quedan sin dinero. Pasar del seductor anuncio a la práctica no es fácil.

Hay que empezar por lo más sencillo. Como en las Comoras, en donde primero apoyamos un sistema gratis para el parto por cesárea y que ahora vamos a extender de manera progresiva.