Para entender mejor

La ayuda al desarrollo

La ayuda al desarrollo -a menudo llamada ayuda pública al desarrollo (APD)- es el conjunto de financiamientos que los actores públicos de los países más favorecidos destinan a mejorar las condiciones de vida en los países menos favorecidos.
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Niños, paisaje urbano, Medellín, Colombia
La APD, corresponde a los donativos o préstamos a tasas preferenciales que se destinan al financiamiento de los programas destinados a mejorar el acceso al agua potable, a la atención médica, a la electricidad, a la escuela, a una vivienda digna, o bien a un medio ambiente conservado… Esta ayuda puede referirse a pequeños proyectos locales o a políticas muy amplias a nivel de un país y a largo plazo.
La implementan los actores locales: ministerios, entidades locales, bancos, organizaciones profesionales, ONG o bien empresas. Pero en todos los casos el propósito es el beneficio de la población.

La ayuda puede ser directa, del país donador al país beneficiario. En ese caso, se llama bilateral. También puede efectuarse en forma de contribuciones de los Estados al funcionamiento y a los programas de los organismos internacionales (como la UNICEF o el Banco Mundial). En ese caso la ayuda se llama multilateral.

A nivel planetario, la ayuda al desarrollo representó 142 600 millones de dólares en 2016. Este monto representa tan sólo una parte de los financiamientos para la ayuda al desarrollo ya que éstos también comprenden otro tipo de financiamientos públicos, locales e internacionales, pero también incluyen inversión privada, las remesas de las diásporas (alrededor de 400 000 millones al año), las acciones de las fundaciones y de las ONG.

No obstante, en este amplio panorama la función de la APD es fundamental. Permite lanzar proyectos en sectores o zonas olvidados. Provoca lógicas de desarrollo sostenibles y crea dinámicas con potencial para incentivar a los demás actores, en especial a las empresas. Crea un efecto palanca que multiplica impactos. En total, desde la década de 1960, la ayuda al desarrollo ha probado su eficiencia: es un potente factor de cambio para las poblaciones más vulnerables.

Actualmente, la ayuda se determina de acuerdo con los ODS, los Objetivos de Desarrollo Sostenible definidos por las Naciones Unidas para el periodo 2015-2030. El propósito es atender a prioridades que tienen que ver con todos los países, de los más pobres a los más prósperos, y con todos los ámbitos, para construir juntos un mundo en paz, próspero, igualitario y sostenible.
 

Los grandes principios

Es función de la ayuda pública modificar la ruta de una economía que avanza, en ocasiones rápido, pero no siempre en la dirección correcta. En realidad, se trata de reorientar los montos existentes para construir un mundo diferente, más ecológico e igualitario. Esta reorientación tiene un costo, como lo tiene toda acción pública. Pero, a mediano y largo plazo, genera importantes beneficios.

El mundo de 2030, ese hacia el que apuntan los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS), se construye con las inversiones de hoy. Cada año, las economías del planeta invierten alrededor de 20 billones de dólares y con esta cantidad fabulosa, preparan el mundo de mañana. Pero, ese mundo que describen los ODS, ¿es acaso el mundo que deseamos? Desgraciadamente no, o en todo caso no de manera suficiente. 

Hubert de Milly, experto de la ayuda al desarrollo en la AFD

Las “3d”

La ayuda al desarrollo es también uno de los ejes de la política internacional de los países. Desde ese punto de vista, es el reflejo de la manera en la que conciben el mundo… En el Reino Unido, el objetivo es contribuir a un mundo próspero y en paz, benéfico para una nación en la que gran parte de su riqueza proviene del comercio internacional. En Alemania, es más una actitud de generosidad y de redistribución como corresponde a una nación próspera. En Francia, se piensa más en contribuir a regular la globalización, fenómeno que en ocasiones se percibe como una fuente de peligro.

La política de ayuda al desarrollo muy a menudo se articula con la defensa y la diplomacia: son las “3D” de la acción exterior de un país.

Del desarrollo al desarrollo sostenible


Desde la década de 1960, periodo clave de las independencias africanas, la ayuda al desarrollo se ha forjado en torno a distintos enfoques.

  • Hubo una continuidad, por parte de los antiguos colonizadores, en el trabajo de “valorización de los territorios”, siguiendo con lo realizado durante la época colonial a través, por ejemplo, de los programas ferroviarios y carreteros así como de las grandes obras hidroagrícolas.
  • Por su parte, las instituciones internacionales, como el FMI o el Banco Mundial, se focalizaron sobre la insuficiencia de ahorro y de inversión en los países más pobres. Los países “desarrollados” y las instituciones financieras internacionales la compensaron por medio de contribuciones públicas con el objetivo de lanzar el motor del desarrollo y sus efectos virtuosos. El apoyo consistía más bien en otorgar préstamos.
  • A instancias de algunos países no coloniales, pero también del Consejo Mundial de Iglesias, y más tarde de numerosas ONG, se generó en las naciones ricas la necesidad de “socorrer” a las naciones pobres, casi de iniciar una redistribución social a escala mundial, y por lo tanto de proceder a un “esfuerzo” financiero que se canalizara más bien en forma de donativos.
     

Donativos y préstamos

Con el tiempo, el número de países pobres que no disponen de ahorro suficiente ha disminuido, numerosas economías emergentes al contrario presentan amplios excedentes… 

En la década de 1990, la ayuda se concentró en la lucha contra la pobreza, centrándose en los aspectos sociales, financiada principalmente por donativos. En aquel entonces, surgieron los temas medioambientales, y luego los climáticos, que empezaron a influenciar los objetivos de la APD.


La ayuda al desarrollo sostenible

Con el cambio de milenio, después de diez años de una acentuada diminución de la APD, los 8 Objetivos de Desarrollo del Milenio (ODM) aprobados por la ONU indujeron el repunte de la ayuda mundial que se concentró en prioridades sociales, especialmente médicas.

Actualmente, los 17 Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS), que se aprobaron en 2015, constituyen los lineamientos a los que se ajustan las políticas económicas, sociales y medioambientales de todos los países, así como el nuevo marco de intervención de la ayuda internacional. Para su efecto, se recurre a todo tipo de herramientas financieras. El desarrollo es hoy “desarrollo sostenible” y la ayuda al desarrollo es cada vez más “ayuda al desarrollo sostenible”. 

¿Qué eficiencia?

Se podría muy bien hablar de los fracasos, pero la historia de la ayuda al desarrollo es más bien de éxitos. A nivel local, desde luego, pero a una escala más amplia también. A la inversa, la falta de ayuda puede tener efectos muy significativos.

En todo el mundo, el nivel de desarrollo global de los países ha aumentado, y en ocasiones se ha disparado. Incluso numerosos países, que todavía figuran entre los más pobres, por ejemplo en África, han progresado de manera considerable desde hace cuarenta años. De tal forma que, desde el inicio de la década de 1970, África Occidental ya no ha padecido grandes hambrunas relacionadas con causas naturales, a pesar de que en el mismo lapso la población se triplicó.

Un ejemplo impresionante de la utilidad de la APD tiene que ver con el Sahel, en donde la ayuda pública al desarrollo francesa estaba históricamente consolidada y ejercía una importante función estabilizadora. El desplome de la ayuda francesa en esa zona, entre 1990 y 2001, dejó el terreno libre a todo tipo de traficantes y de influencias. Resultado: en quince años, el yihadismo lo convirtió en una de sus principales zonas de influencia.

Hubert de Milly, experto en ayuda al desarrollo de la AFD

En todo el mundo, el nivel de desarrollo global de los países ha aumentado, y en ocasiones se ha disparado. Incluso numerosos países, que todavía figuran entre los más pobres, por ejemplo en África, han progresado de manera considerable desde hace cuarenta años. De tal forma que, desde el inicio de la década de 1970, África Occidental ya no ha padecido grandes hambrunas relacionadas con causas naturales, a pesar de que en el mismo lapso la población se triplicó.

+ 1 % de crecimiento

De esos logros, ¿qué parte se puede atribuir a la APD? Es difícil calcularlo con precisión, pero la contribución de la ayuda internacional al crecimiento económico de los países beneficiarios, en el largo plazo, equivaldría a +1% en promedio cada año. Por lo tanto, representaría algo así como +3% de crecimiento anual de la Renta Nacional Bruta (RNB) en lugar de +2% sin la ayuda… Es mucho, en particular para volúmenes de ayuda que siguen siendo bajos si se comparan a la economía mundial. 

La eficiencia de la ayuda también se mide en términos de resultados “directos” alcanzados o bien de “impactos” logrados, como serían la tasa de escolaridad, de vacunación o bien los kilómetros de caminos rurales construidos.
 
Ahora bien, medir el efecto de la ayuda sobre la construcción institucional de los países beneficiarios es un renglón más delicado. No obstante, es una ayuda fundamental dada la imperiosa necesidad que tendrían algunos países de reformar su gobernanza para alcanzar un desarrollo económico y social suficiente.

La eficiencia de los programas es una preocupación constante de todos los actores del desarrollo. Para medirla, los países donantes llevan a cabo una evaluación periódica de sus acciones a través del Comité de Ayuda al Desarrollo de la Organización de Cooperación y de Desarrollo Económicos (OCDE). Este tipo de auditoría que se basa en un examen detallado de las herramientas de la ayuda incluye visitas de terreno y genera análisis así como recomendaciones.

Transparencia, computadora

4 exigencias

En Francia, la ayuda al desarrollo cumple, en específico, con cuatro exigencias: 

  • La eficiencia, con una medición de los resultados directos de la ayuda, tomando en cuenta las particularidades de los países
  • la transparencia, con la publicación de informaciones detalladas y actualizadas sobre los programas implementados
  • la coherencia, que precisa tomar en cuenta los efectos de la ayuda al desarrollo sobre el conjunto de las políticas económicas y sociales de los países donantes
  • la rendición de cuentas, es decir la obligación de informar a los ciudadanos sobre la utilización de los fondos y sobre los resultados alcanzados.

Leer también : 

8 datos sobre la ayuda pública al desarrollo

Desafíos actuales: los ods

En septiembre de 2015, la ONU aprobó los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS). Esos 17 objetivos, que se pretenden cumplir de aquí a 2030, abarcan la totalidad de las grandes cuestiones que tiene ante sí la humanidad, y promueven un mundo justo, próspero y sostenible.

Los ODS dan seguimiento a los Objetivos de Desarrollo del Milenio (ODM) del año 2000, pero se caracterizan por una mayor ambición y por su universalidad, es decir que se aplican tanto a China como a Uganda o a Bolivia. Este enfoque 3que el mundo entero comparte sobre el rumbo que se debe tomar durante los próximos quince años es un exhorto para que todos se movilicen: comunidad internacional, Estados, ONG, entidades locales, empresas y ciudadanos.
 

Reducción de las desigualdades 

La lucha contra la pobreza y el hambre sigue siendo una preocupación central, tanto como el acceso al agua, a la salud, a la educación o a la igualdad de género. Sin embargo, hoy también se busca luchar contra los cambios climáticos, contribuir a la conservación de los océanos y de los bosques. El reto también consiste en reducir las desigualdades, no sólo entre los países sino también al interior de los propios países, procurando que el crecimiento de los ingresos de los 40% más pobres sea por lo menos equivalente al del promedio del país. Esta meta constituye una gran novedad de los ODS respecto a los ODM.

Actualmente, algunos ODS parecen alcanzables, como la eliminación de la extrema pobreza. Sin embargo, otros requieren esfuerzos muy importantes por parte de la comunidad internacional, en particular la lucha contra el cambio climático y la conservación de los océanos.
 

Una miríada de actores

Los actores de la ayuda pública al desarrollo son muy numerosos: instituciones internacionales, Estados, entidades locales agencias y bancos de desarrollo. A nivel mundial, el Banco Mundial (AID y BIRD), las agencias de las Naciones Unidas  (UNICEF, PNUD, UNESCO, ACNUR…), la Unión Europea y los llamados “fondos verticales”, es decir focalizados en un problema en particular (Fondo Mundial para el Medio Ambiente, Fondo Mundial contra el Sida, Paludismo y Tuberculosis…) desempeñan una función importante.

A nivel regional, los bancos de desarrollo regional son actores imprescindibles: Banco Africano de Desarrollo (BAD), Banco Asiático de Desarrollo(ADB, por sus siglas en inglés) o bien el Banco Interamericano de Desarrollo (BID).  
 

apretón de manos

El papel clave de los bancos de desarrollo 

Por medio de préstamos ventajosos, estos bancos atienden necesidades que representan riesgos muy elevados o demasiado importantes para los bancos privados. Respaldados por los Estados, tienen la capacidad de proyectarse a largo plazo. Por lo tanto, tienen la capacidad de reorientar la economía hacia el cumplimiento de los ODS, no solamente a nivel económico sino también desde una perspectiva ecológica y social.
Su papel no se limita al financiamiento. También contribuyen con apoyo técnico, conocimientos y experiencia. Además esos bancos suelen trabajar de manera conjunta: “cofinancian” proyectos importantes para multiplicar las sumas invertidas y compartir riesgos.
 

Numerosos países disponen de una agencia o de un banco “bilateral” activo a nivel regional o internacional, por ejemplo la Gran Bretaña (DFID), Estados Unidos (USAID), Brasil (BNDES), Alemania (KfW), Japón (JICA), o Francia (AFD). Cabe destacar que la ayuda bilateral británica y estadunidense se basan en donativos, mientras que la ayuda japonesa, la alemana y la francesa utilizan ampliamente los préstamos. 

En los países beneficiarios de la ayuda también existen bancos de desarrollo que financian proyectos de interés común en su propio territorio y que desempeñan un importante papel con miras al cumplimiento de los ODS. Es muy común que se forjen acuerdos de asociación con los bancos activos a nivel internacional. El club IDFC, que reúne a 23 bancos nacionales de desarrollo y grandes bancos bilaterales (entre los cuales la AFD), se fundó en 2011 con el objetivo de potenciar los impactos.
  
Por otra parte, a todos los niveles, se observa una importancia creciente de las fundaciones, las ONG y las empresas -actores no públicos. Entre todos esos actores del financiamiento del desarrollo existen numerosas sinergias.

En Francia

Los principales actores de la APD son los ministerios de Europa y de Asuntos Exteriores, de Economía, de Educación y de Investigación, así como instituciones públicas como el IRD, el CIRAD, y desde luego la AFD. Las
entidades locales también ocupan un lugar importante. Pueden financiar proyectos de desarrollo directamente, o bien a través de la AFD… En su doble calidad de banco que financia proyectos y agencia que atribuye subvenciones por cuenta del Estado francés, la AFD tiene una función clave entre todos estos actores. Es el principal actor de la ayuda al desarrollo francesa.

¿Qué % de la riqueza se destina a la ayuda?

La mayoría de los miembros del Comité de Ayuda al Desarrollo de la Organización de Cooperación y de Desarrollo Económicos (OCDE) se comprometieron en 1970 a dedicar 0.7% de su riqueza, la Renta Nacional Bruta (RNB) para la ayuda pública al desarrollo; Un compromiso que reiteraron en 2015.

Esos países son Alemania, Australia, Austria, Bélgica, Canadá, Dinamarca, España, Finlandia, Francia, Grecia, Irlanda, Italia, Japón, Corea, Luxemburgo, Noruega, Nueva-Zelanda, Países Bajos, Portugal, Reino Unido, Suecia y la Comisión Europea.

En la práctica, únicamente Noruega, Suecia, Dinamarca y Luxemburgo han alcanzado con regularidad el porcentaje de 0.7%. Los Países Bajos lo alcanzaron en 2012, el Reino Unido desde 2013 y Alemania desde 2016. Los Estados Unidos y Japón se encuentran en 0.17 y 0.20%


Francia: 5. ° contribuidor mundial 

En 2016, Francia destinó apenas 0.38%, pero con un monto equivalente a unos 9 500 millones de dólares (8 600 millones de euros) con lo que se ubica como el 5. ° contribuidor mundial en términos de valor, detrás de Estados Unidos, Alemania, Reino Unido y Japón. El pasado 29 de agosto, el presidente de Francia, Emmanuel Macron, se comprometió a aumentar el nivel de la APD francesa a 0.55% de la Renta Nacional Bruta de aquí a 2022. Con 75 500 millones de euros en 2016, las instituciones y los Estados miembros de la Unión Europea representan los primeros contribuidores mundiales con 57% de la ayuda internacional.

Una de las críticas más comunes que se escucha en relación con la APD se puede resumir por la célebre expresión que preconiza “la Corrèze avant le Zambèze” (la región francesa de Corrèze antes que el río africano de Zambèze). Este populismo internacional considera que la ayuda al desarrollo es como echar el dinero por la ventana, pues no serviría de nada a los intereses de Francia. Sin embargo, ¡no hay nada más falso! Además de ser eficiente para los países beneficiarios, la APD favorece la paz y la estabilidad a nivel mundial. Y mientras mejor vaya el mundo, mayores serán las posibilidades para que la paz y la prosperidad mundial, la defensa del medio ambiente, sean una realidad y mayores las posibilidades de que se beneficien los intereses de Francia y de los franceses. Es un círculo vicioso a nivel planetario.

 

Hubert de Milly, experto de la ayuda al desarrollo de la AFD
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