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Un nuevo enfoque en materia de políticas de salud pretende abordar mejor los vínculos e interdependencias entre la salud humana, la salud animal y la salud de los ecosistemas... Una Salud. La AFD está apoyando varios proyectos en este sentido.

¿El pangolín? ¿El murciélago? Aunque las circunstancias de la aparición del coronavirus del SARS-CoV-2 en China a finales de 2019 siguen sin saberse con exactitud, una cosa es cierta desde el comienzo de la epidemia mundial de Covid-19: los daños causados por el ser humano a la biosfera a veces terminan volviéndose en su contra.

Este fue el caso del Ébola, el H5N1, el Marburgo, el Nipah, el SARS, el VIH, el virus del Nilo Occidental o el Zika, que entraron en contacto con humanos o aparecieron en nuevas zonas debido a los daños causados al medio ambiente. En el caso que nos ocupa, la deforestación ha obligado a los murciélagos a acercarse a zonas habitadas, mientras que la expansión agrícola ha expuesto a los trabajadores a reservas naturales de patógenos, y a su vez el calentamiento global ha permitido al mosquito conquistar nuevos territorios.

"El contacto cada vez más frecuente de los humanos con nuevos entornos naturales, que son reservorios potenciales de patógenos, así como el comercio con animales salvajes, la concentración de especies salvajes y domésticas en cautividad, así como la cría intensiva en condiciones sanitarias deplorables en la periferia urbana, son factores que aumentan los riesgos de contaminación", apunta Gilles Kleitz, director del Departamento de Transición Ecológica de la AFD.

De las cinco nuevas enfermedades humanas que aparecen en promedio cada año, tres son de origen animal. Sin embargo, como hemos podido comprobar con la crisis de Covid-19: si bien la medicina humana permite tratar los casos, no permite prevenir ni anticipar el riesgo de epidemias.


Una nueva forma de entender la salud

Tal vez la clave para reducir drásticamente estos riesgos sea tener más en cuenta la interdependencia entre los tres campos de la salud: salud humana, salud animal y salud de los ecosistemas. Al menos, esa es la premisa del enfoque One Health (“Una salud”) en materia de políticas de salud.

¿Su ambición? Renovar nuestra forma de entender la salud reconociendo, en primer lugar, la interdependencia de estos tres componentes –humano, animal y ambiental– y fomentar las colaboraciones entre los profesionales de estos diferentes campos a nivel nacional y regional. 

"La contribución de médicos, veterinarios, ecologistas, agrónomos, sociólogos y antropólogos ayuda a afinar la comprensión de las diferentes problemáticas teniendo en cuenta múltiples vertientes", explica Marie Edan, jefa de equipo del proyecto de Agricultura, Biodiversidad y Desarrollo Rural de la AFD y veterinaria de profesión. "Con la enfermedad de las vacas locas, nos dimos cuenta de lo fina que es la línea que separa la salud animal de la salud humana”.


Prevención de la enfermedad desde el origen

El concepto One Health se formuló a principios de los 2000 y, a partir de 2010, se concretizó en la labor de tres organizaciones internacionales: la Organización Mundial de la Salud (OMS), la Organización Mundial de Sanidad Animal (OIE) y la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO). En los primeros años, se hizo especial hincapié en el control de las zoonosis (enfermedades transmisibles de los animales a los seres humanos y viceversa, como la rabia), la resistencia a los antibióticos y la seguridad alimentaria. 

En 2018, los tres organismos firmaron un protocolo de acuerdo para reforzar su colaboración. En él se detalla su actuación para combatir las futuras amenazas a la salud: fortalecimiento de los servicios nacionales y regionales en materia de salud humana, animal y alimentaria, promoción de la investigación para comprender mejor las enfermedades de origen animal, detectar su aparición con mayor rapidez y controlar mejor su circulación, entre otras cosas.

Para la OIE, uno de los miembros de esta alianza tripartita, la prevención de las enfermedades de origen animal parece ser la solución más eficaz y económica para proteger a los seres humanos. Según esta institución, los servicios veterinarios desempeñan un papel fundamental en este sentido: al proteger la salud y el bienestar de los animales, se contribuye a mejorar la salud humana y la seguridad alimentaria, en particular mediante un mejor control del ganado.

Sin embargo, muchos países, principalmente de  África, han sufrido en las últimas décadas una importante desinversión en los servicios de salud animal, con importantes consecuencias para la salud pública.

“Estamos alentando a los países a que establezcan grupos de trabajo interministeriales para desarrollar estrategias que integren la salud humana, la salud animal y la salud ambiental", subraya Monique Eloit, directora general de la Organización Mundial de Sanidad Animal. “One Health es una visión, un enfoque que cada cual puede hacer suyo. Muchas cuestiones deben examinarse desde esta perspectiva y a través de una acción conjunta”. 


Red de vigilancia regional

La AFD apoyó, por ejemplo, la creación en 2009 de una red de vigilancia epidemiológica y de gestión de alertas, coordinada por la Comisión del Océano Índico en cinco países : la Unión de las Comoras, Francia, Madagascar, Mauricio y Seychelles. En 2013, este grupo incorporó un componente de sanidad animal, en relación con la red regional de vigilancia zoosanitaria, dirigida por el Cirad.

"Estamos apoyando a un equipo de epidemiólogos en la recopilación y el intercambio de datos de campo. Ante una alerta sanitaria humana y animal, se toman muestras y se lleva a cabo una investigación para obtener lo antes posible información detallada sobre elementos que hubieran podido pasar inadvertidos", explica Patrick Dauby, director de proyectos de la División de Salud de la AFD.

En 2016, en las Comoras, por ejemplo, los servicios veterinarios investigaron un caso de transmisión de la fiebre del valle del Rift de un animal a un humano. Al rastrear su origen, los expertos descubrieron que los animales de granja importados a las Comoras no se sometían sistemáticamente a controles sanitarios.
Proyectos innovadores promovidos por ONG

"En Marruecos, Libia y Chad, respaldamos un proyecto dirigido por la Comisión de Lucha contra la Langosta del Desierto. Agrupándose en enjambres, estas langostas pueden ingerir hasta 100.000 toneladas de materia orgánica por día y amenazar la producción de alimentos de regiones enteras. El proyecto está mejorando la vigilancia de las poblaciones de langostas, en particular mediante la utilización de modelos informáticos para identificar las áreas donde hay riesgo de multiplicación. Esto permite centrar los esfuerzos de prevención en estas áreas", explica Marie Edan.

La AFD también puso en marcha en mayo un programa de innovación dirigido a las ONG ("Fisong"), con un presupuesto de 2,5 millones de euros, con el objetivo de financiar uno o más proyectos basados en un enfoque One Health innovador en África, por ejemplo, implicando más a la población en las actividades de prevención.

Más allá de las zoonosis, los ejemplos no abundan, si bien ya han surgido varios proyectos relacionados con las preocupaciones medioambientales y climáticas desde una perspectiva One Health.

El Fondo Francés para el Medioambiente Mundial (FGEF) ha dado su apoyo a un proyecto en Uganda destinado a desarrollar redes agroecológicas y proteger la biodiversidad en el norte del Parque Nacional de Kibale, estudiando al mismo tiempo el impacto en la salud humana y animal de los contaminantes químicos comúnmente utilizados en la agricultura.

La Unión Europea tampoco se queda atrás. Durante el periodo 2018-2022, se dedicarán 90 millones de euros a un programa de investigación y desarrollo One Health, que contará con la participación de unos 40 organismos europeos, entre los que se encuentra la Agencia Francesa de Seguridad Sanitaria en la Alimentación, el Medioambiente y el Trabajo (Anses).


"El concepto adquirirá cada vez más importancia"

Aunque se está extendiendo, la aplicación concreta de este enfoque de salud está todavía en sus inicios. A finales de 2017, en África, Asia y Europa, había un centenar de iniciativas colaborativas basadas en al menos dos de los componentes del enfoque One Health, según un estudio publicado por la revista Lancet Planetary Health.

“Es un concepto que adquirirá cada vez más importancia y se irá concretando en los próximos años”, considera Patrick Dauby. “La actual crisis sanitaria arroja nueva luz sobre la urgencia de diseñar políticas públicas que integren los componentes One Health."

La crisis de Covid-19 también pone de relieve la falta de recursos asignados a los sistemas sanitarios en diferentes partes del mundo. Desde el comienzo de la epidemia, la mayoría de los países han hecho recaer en la población el mayor peso de su estrategia contra la circulación del nuevo coronavirus: confinamiento, uso de mascarillas, distancia social...

“Esta crisis es un dramático recordatorio de que la salud es una producción social. Y cuando no se invierte lo suficiente, se paga un precio mucho más alto económica y socialmente”, afirma Patrick Dauby.


¿Pronto un reflejo?

Según Monique Eloit, los países que ya han integrado o experimentado estrategias sanitarias que tienen en cuenta, al mismo tiempo, a los seres humanos, los animales y el medio ambiente han demostrado estar mejor preparados frente la pandemia de Covid-19.
 

El problema al que nos enfrentamos hoy en día es el de la debilidad de las estructuras sanitarias. Se está gastando mucho dinero en la vacunación contra la polio, en la detección de la tuberculosis, y eso es importante, pero se hace a expensas de la contratación de suficientes profesionales sanitarios y de su adecuada formación.

Monique Eloit, Directora General de la OIE

No obstante, se está prestando una excesiva atención al componente humano y animal de One Health, dejando de lado los riesgos relacionados con la salud de los ecosistemas. Pero estos riesgos irán en aumento: el cambio climático ya tiene muchos efectos directos e indirectos en la salud humana y la disminución de la biodiversidad sea quizás una amenaza aún mayor, en este caso para nuestra seguridad alimentaria.

"Sea como sea, debemos esforzarnos por preservar el equilibrio mundial de los ecosistemas", dice Marie Edan. Pangolín o murciélago, humano, animal o ambiental, One Health debe ser, a partir de ahora, mucho más que un concepto. ¿Y si un día se convirtiera en un reflejo?