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Un año después de la desaparición de la USAID: «La historia de la solidaridad internacional no ha terminado»
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Un año después del desmantelamiento de la Agencia de los Estados Unidos para el Desarrollo Internacional (USAID) por parte del Gobierno estadounidense, Thomas Mélonio, economista jefe de la AFD, analiza las repercusiones de este punto de inflexión y el nuevo contexto de la solidaridad internacional.
¿Qué impacto ha tenido la desaparición de la USAID, la Agencia de los Estados Unidos para el Desarrollo Internacional, en la solidaridad internacional durante el último año?
Thomas Mélonio: En primer lugar, en 2025 se produjo un periodo de gran replanteamiento. Yo lo llamé la era de la motosierra: una rápida reducción de los presupuestos y una fuerte batalla cultural en Estados Unidos y, en menor medida, en Europa, donde las prioridades presupuestarias se desplazaron hacia el apoyo militar a Ucrania y la defensa. Los presupuestos destinados a la solidaridad internacional disminuyeron drásticamente a nivel mundial, lo que tendrá consecuencias a medio plazo, ya que se han interrumpido programas de desarrollo, con efectos ya palpables.
El período posterior nos mostró un inicio de reinversión por parte de Estados Unidos. Se firmaron acuerdos muy importantes en el ámbito de la salud: en Uganda, con 1700 millones de dólares en donaciones durante cinco años; en Kenia, con 1500 millones; pero también en Costa de Marfil y Ruanda, para apoyar a los países aliados y luchar contra las pandemias. La USDFC (Corporación Financiera de Desarrollo Internacional de los Estados Unidos), equivalente estadounidense de Proparco (institución especializada del sector privado), multiplicó por más de cuatro su capacidad de préstamo, principalmente en el ámbito de la cooperación económica. El Congreso estadounidense añadió posteriormente casi 20 000 millones de dólares a la propuesta inicial del Gobierno para la política de desarrollo. Por lo tanto, el sistema estadounidense no ha desaparecido, ya que se mantiene un nivel de intervención significativo, aunque será muy distinto al anterior y, sin duda, contará con menos recursos.
¿Qué sectores se ven afectados por estas restricciones presupuestarias?
Está muy claro: lo relacionado con la agenda social, los derechos de las mujeres y los derechos de las minorías sexuales, son objeto de una reducción muy importante en el contexto estadounidense. También se está actuando mucho menos en el ámbito de la lucha contra el cambio climático. Se trata de una nueva filosofía que está surgiendo, en línea con una orientación conservadora asumida en estos ámbitos.
Nadie puede compensar el vacío dejado por la USAID y su presupuesto anual de 42 000 millones de dólares. Pero la historia no ha terminado. Las últimas señales indican que Estados Unidos quizá no reduzca tanto sus herramientas de cooperación civil. Paralelamente, hay otros actores comprometidos, como la fundación Gates que ha anunciado un aumento de su financiación.
¿Cómo está evolucionando la actividad del Grupo AFD en este nuevo contexto?
En dos años, nuestro Grupo ha perdido parte de sus créditos de intervención. Esto tienen efectos concretos en la actividad en África para la parte de la AFD – menos para Proparco y Expertise France – y da lugar a un mayor dinamismo en la actividad de América Latina.
El reto consiste en mantener unos niveles de actividad consecuentes en todos los sectores cuando nuestros recursos presupuestarios disminuyen, mientras que, históricamente, los sectores sociales o el apoyo a las ONG dependían de ellos de manera más que proporcional. Sin embargo, podemos desarrollar una actividad basada en el préstamo en todos nuestros sectores de intervención. Ya otorgamos préstamos en los ámbitos de la educación, la salud o la biodiversidad. Uno de los retos del plan de ingresos es desarrollar esta parte de la cartera.
La movilización sigue siendo, ahora más que nunca, un eje principal de nuestra estrategia: también queremos aumentar los fondos delegados por nuestros socios. Para ello, es conveniente permanecer atentos a sus demandas. Por ejemplo, es probable que la Unión Europea se concentre más bien en sus países vecinos del sur del Mediterráneo o el Este. También trabajamos con fundaciones, así como con nuevos donantes o financiadores, tanto en Europa como en Estados Unidos o en los países del Golfo. Tiene mucho sentido utilizar nuestras capacidades para movilizar más fondos externos y generar así un impacto sustancial, ya que las necesidades no han disminuido en el mundo, sino todo lo contrario.